Galería de los espejos del Palacio de Versalles
Galería de los espejos del Palacio de Versalles

Su nombre conjura imágenes de opulencia y grandiosidad, pero la historia del palacio de Versalles no es dorada que se diga. Hogar de los monarcas franceses durante cien años, comenzó como un pabellón de caza en un pueblo cercano a París. Bajo el reinado de Luis XIV –el llamado Rey Sol porque la realeza orbitaba en torno a él– se convirtió en uno de los mayores palacios del mundo.

En 1668, Luis XIV le encomendó a su arquitecto Louis Le Vau construir las estancias del rey y la reina, así como la fachada que mira al jardín. En lugar de basarse en la tradición francesa de tejados de pizarra, Le Vau se inspiró en la arquitectura italiana y diseñó un tejado plano oculto por una balaustrada. Durante su ampliación, los ministros trataron de abaratar los costes empleando materiales franceses –llegaron hasta a nacionalizar la fábrica de tapices– pero los trabajadores eran los que pagaban el precio. Se necesitaron más de 36.000 hombres y 6.000 caballos trabajando de sol a sol para construir el edificio de 500 metros de largo. A los trabajadores se les pagaba seis sous –el equivalente a un trocito de mantequilla– y las condiciones eran tan míseras que se construyeron tres hospitales para atender a todos los accidentados. Las cosas empeoraron durante el verano de 1668 cuando al caer un escombro murieron una docena de hombres.

Es más, cuando una de las madres de las víctimas se acercó para preguntarle al rey por el cuerpo de su hijo, la mandaron a prisión.

Aunque parezca mentira, Versalles se ha comparado con una cárcel –una cárcel dorada que retenía a cientos de cortesanos y nobles cautivos por el mero disfrute del monarca–. Fue escenario de fiestas majestuosas y de numerosos romances amorosos, pero también fue testigo de algunos de los momentos más trascendentales de la historia, como el Tratado de Versalles en 1919.

En el número 65 de Cómo Funciona encontrarás más información sobre las estancias de este palacio.