espada
Espada anglosajona y vikinga, de las mejores de la historia

Las espadas fueron las primeras herramientas diseñadas exclusivamente para matar. Había otras armas antes, como lanzas, hachas y cuchillos, pero todas ellas nacieron originalmente con otro propósito antes de emplearse como instrumentos de guerra. La lanza se concibió para cazar, el hacha para cortar madera, y los cuchillos tenían muchas funciones. Pero la espada solo nació para matar.

En un principio, las espadas eran artículos distintivos además de armas. Las primeras espadas, que datan alrededor de 3.000 años a. C., se forjaban con bronce, una aleación de cobre y estaño. Como la tecnología requerida para la forja de bronce aún era nueva, y el bronce en sí era poco común, estas primeras espadas eran algo excepcional, muy caras, y advertían que quien las portaba era alguien extremadamente rico y poderoso. Un ejemplo de ello es la espada de bronce, en forma de hoz, que se enterró junto a Tutankamón hacia el 1327 a. C. Llamada khopesh, estaba afilada por el filo exterior, y su punta se usaba o como gancho o como garrote.

La tecnología del bronce se extendió por la cuenca del Mediterráneo, e impulsó el comercio para traer estaño de las minas de la península ibérica y Cornualles a las fraguas del Mediterráneo. A partir de ahí las espadas se empezaron a generalizar, hasta que ya las portaban ejércitos enteros. Los imperios minoico, sumerio y asirio, todos ellos tenían

ejércitos con espadas de bronce.

Pero el hierro lo cambio todo. El metal en sí era abundante, fuerte y duradero, y producía un arma tanto flexible como resistente. Los hititas fueron de los primeros en adoptar esta tecnología, sirviéndose de armas de hierro para crear su imperio a partir del 1600 a. C. Marcaron el camino a seguir, y el hierro se convirtió en el nuevo material para la forja de espadas.

Puedes descubrir más sobre el arte de forjar una espada en el número 64 de la revista Cómo Funciona.